Chef combate la violencia y el desempleo con charlas de cocina

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El fundador de Gastromotiva, David Hertz, capacita a jóvenes en seguridad alimentaria y en empleabilidad, con apoyo del Programa Mundial de Alimentos.

La cocina es un antídoto poderoso para atacar el desempleo y la violencia en nuestras comunidades. De eso sabe muy bien David Hertz, chef profesional y fundador del programa Gastromotiva, quien visitó El Salvador para acompañar a los jóvenes graduados del programa “Cocinando Juntos”, desarrollado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

La edición dicho programa de este año se denomina “Promoviendo seguridad alimentaria y transformación social a través de la gastronomía”, el cual ha llevado beneficios a 29 jóvenes retornados de Estados Unidos y que viven en zonas vulnerables por la violencia en San Salvador.

Hertz, de origen brasileño y uno de los fundadores de Gastromotiva, señaló que se trata de un proyecto que transforma la vida de los beneficiarios a través del desarrollo humano, la gastronomía y el empoderamiento.

“Gastromotiva es una forma de desarrollar al ser humano, por medio de la cocina y dar oportunidades primeramente de trabajo, por medio de una metodología de educación”, expresó el fundador del movimiento de gastronomía social.

Para el experto, no hay duda de que la gastronomía puede influenciar en las poblaciones que se encuentran vulnerables ante la violencia, la migración, pobreza y discriminación.

“En cualquier lugar del mundo hay alguien que es excluido, alguien que no encaja en lo que la sociedad considera normal. La gastronomía social es para que las personas se vuelvan a comunicar, personas refugiadas, de la tercera edad, personas que tienen competencias (laborales). No importa de dónde vienen, importa que a las personas que están en vulnerabilidad se les da una herramienta de educación a través de Gastromotiva”, manifestó.

Los beneficiarios del programa aprenden sobre temas de técnicas básicas de cocina, nutrición, higiene e inocuidad alimentaria, servicio al cliente, desarrollo personal, educación sexual y reproductiva, prevención de la violencia, entre otros temas.

Los jóvenes beneficiados entre 18 a 30 años de edad son capacitados por cuatro meses: en los primeros dos meses reciben educación teórica en la Universidad Francisco Gavidia y luego realizan dos meses de pasantías en los restaurantes socios del programa.

Para Gustavo Palencia, monitor de campo de PMA Gastromotiva, con el proyecto los jóvenes se vuelven agentes de cambio dentro de sus comunidades.

“Gastromotiva y PMA está dando una innovación en el proyecto porque se da la herramienta del conocimiento. El saber es poder y con Gastromotiva se refleja el ‘yo’ interno hacia los demás. Cuando los jóvenes tienen oportunidades de cambio, ellos descubren que pueden ser agentes en torno a su comunidad y en la familia”, expresó Palencia.

Desde que inició el proyecto en El Salvador, en 2017, con Gastromotiva se ha logrado beneficiar a 64 jóvenes del área de San Salvador. Para 2019 se buscan socios estratégicos para impulsar el programa a la zonas occidental y oriental.

“Tenemos una gran oportunidad para graduar a más jóvenes en El Salvador y generar mayor empleabilidad, nosotros junto a otros actores tenemos la intención que (el proyecto) siga creciendo y llegar a más jóvenes. Gastromotiva es un programa bueno y buscamos más empresas e instituciones, necesitamos más inversiones, más restaurantes para que haya mayores beneficiados”, indicó el chef brasileño.

Interesado por la comida local

Dos días en El Salvador bastaron para que el chef Hertz quedara con la espinita de volver a visitar el país. El fundador de Gastromotiva quedó motivado por la variedad de platillos que hay en el país, pese a que solo pudo probar la pupusas.

“Hay trabajo muy fuerte de hacer crecer más la gastronomía de acá y que me hace querer volver; la gastronomía salvadoreña está siendo más valorizada en el mundo, me gustaron las pupusas, (pero) no conocí los mariscos”, expresó el fundador de Gastromotiva.

Para Hertz, dentro de la variedad de pupusas que hay en el menú, la que más le gusto fue la de jalapeño, no así la de loroco, que consideró no le va bien.

El brasileño se lleva una perspectiva diferente de El Salvador, dijo. “Yo pensé que era una ciudad menos desarrollada, hay desarrollo de infraestructura, de hospitalidad, muchos restaurantes, hay revistas de comidas, de gastronomía. La violencia no se mira, en comparación de Río de Janeiro, en donde la violencia se ve en la calles, también se ve en todos los lugares, acá no se ve, es mi percepción”, expresó, luego de visitar las zonas donde residen los jóvenes beneficiarios del programa.

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